Profundización de la integración: Desafíos de Chile con la Alianza del Pacífico en contraste al MERCOSUR

En el pasado los intentos de integración económica y comercial en América Latina han sido numerosos y con resultados decepcionantes. La Alianza del Pacífico (AP) conformado en 2011 por Chile, Colombia, México y Perú ha logrado en menos de un quinquenio considerables avances en materia de integración y sus perspectivas a futuro son alentadoras. Para Chile existen mayores oportunidades económicas, financieras y comerciales de profundizar la integración en la Alianza del Pacífico que otros bloques regionales.

El primer esfuerzo de integración multilateral en América del Sur fue la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALAC) -con la participación de México- y en Centroamérica el Mercado Común Centro Americano (MCCA) a principios de los años 60. Posteriormente, con algunas variaciones en las agrupaciones de los países, se formaron el Pacto Andino-Comunidad Andina de Naciones (PA-CAN) en 1969, la Comunidad del Caribe (Caricom) en 1973 y la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) en 1980. En particular, la década de los años 80 y el pobre desempeño económico, un crecimiento del producto regional en promedio de 1.3%, provocó la implementación de reformas de estabilización macroeconómicas al interior de las economías y una gradual apertura al comercio exterior.

Las contradicciones de las primeras iniciativas en estos 30 años estaban marcadas en esencia por una búsqueda de sustitución de importaciones. Contrapuntos como bajos niveles de capital humano calificado y altas demandas de la planificación de proyectos por especialidades técnicas, elevados requerimientos financieros con tasas de ahorro bajas sumadas a periodos de inestabilidad macroeconómica provocaron resultados decepcionantes de integración en función a los objetivos trazados como libre movilidad de bienes y servicios.

Posteriormente, Argentina y Brasil desde 1986 iniciaron una nueva etapa de integración en la región, proceso que desembocaría en la firma del tratado del Mercado Común del Sur (MERCOSUR) en 1991 con la incorporación de Paraguay y Uruguay en primera instancia y posteriormente la gradual integración de Bolivia desde 1996 y Venezuela desde 2006 recientemente consolidada en 2013. En principio se trató la incorporación de Chile como miembro pleno sin embargo su figura es de Estado Asociado al igual que Perú, Ecuador, Colombia, Guyana y Surinam.

El MERCOSUR, pese a su gran tamaño 300 millones de personas, 14.8 millones de km2 y alrededor del 5.4% del PIB mundial en 2013 ha tenido un desempeño errático y contrapuesto a sus objetivos de libre circulación de bienes, servicios y factores productivos. Muestra de ello, son las cuotas de importaciones de petroquímicos, acero y manufacturas en Argentina; la suspensión, por parte de Brasil, de márgenes de importación de bienes de capital a países del acuerdo y la restricción para importaciones de algunas manufacturas. De igual manera, se vulnera el objetivo de establecimiento de un arancel común con la aplicación de una “tasas estadística” de 3% sobre las importaciones de terceros países provocando un incremento en el arancel efectivo al igual que la imposición de derechos compensatorios a las importaciones para manufacturas en Argentina, al igual que las restricciones de importación de automotores en Brasil.

Estás medidas podrían explicarse además por condiciones macroeconómica volátiles que encuentran a sus mayores integrantes con panoramas de crecimiento bajo y recesivo para 2015. Según estimaciones del Consensus Forecasts y el Fondo Monetario Internacional (FMI), Argentina tendrá una recesión de su producto de -0.6%, con una inflación alta de dos dígitos –el dato no es reportado al menos por FMI- , el desempleo estará en torno al 10% y una deuda de gobierno cercana al 50% del producto. Asimismo, el panorama para Brasil es igual desalentador ya que se espera apenas un 0.6% de crecimiento con una inflación y desempleo en torno al 6%. Finalmente, la economía más complicada Venezuela, que para 2014 espera una recesión cercana a -3.7% del producto y para 2015 se estima un -3% de caída hecho que además se ve más complejo con una inflación del 79.3% y una tasa de desempleo del 10%.

En contraste la AP, próxima a nutrirse con la incorporación de Costa Rica y Panamá, representa 214 millones de habitantes llegando a un 3.3% del PIB mundial con un ingreso per cápita corregido por poder de compra entorno a los US$ 15,952 a 2013. Es destacable en esta alianza su fuerte característica en apertura comercial. Chile cuenta con 22 acuerdos comerciales a lo largo del mundo con 60 países, Perú tiene 15 acuerdos comerciales con 62 países, México y Colombia con 19 y 17 acuerdos comerciales con 52 y 50 países respectivamente.

Además, la AP en menos de cuatro años de su iniciación logró culminar la negociación del desgravamen comercial del 92% del universo arancelario de forma inmediata y el restante 8% de forma paulatina en menos de 7 años, además se estableció ventanillas únicas de comercio en cada país. Otro avance ha sido el incremento en la integración financiera con el Mercado Integrado Latinoamericano (MILA), que es una plataforma de integración bursátil entre las bolsas de valores de Colombia, Chile, México y Perú sin fusión o integración corporativa por parte de sus miembros. En 2012 el MILA representó el 47% de la capitalización del mercado bursátil de la región alcanzando prácticamente la participación de Brasil en la región con 48.2%.

La vocación de libre comercio, estabilidad macroeconómica, el respeto al sector privado a la hora de negocios y el reconocimiento de los cuatro países miembros como los más competitivos de Latinoamérica son características que pese a la diversidad cohesionan la AP. Para 2015, se espera crecimientos del producto de los países miembros en el rango de 2.7% a 4.6% con una inflación promedio en los cuatro países de 3% y tasas de desempleo del 6%. De igual manera, los indicadores en la facilidad de hacer negocios para el sector privado, como el “Doing Business” del Banco Mundial, sitúan a los países miembros entre los primeros 45 economías con mejores prácticas y facilidades para hacer negocios, hecho que otorga buenas señales sobre la institucionalidad de los países.

La posibilidad chilena de integración con otros bloques comerciales de la región siempre es abordable. Sin embargo, por las condiciones macroeconómicas, prácticas empresariales, desempeño y respeto institucional junto a la potencialidad de crecimiento económico, el polo más atractivo por ahora es la profundización de la integración con la AP.

Los desafíos para Chile y la Alianza son: i) un requerimiento inmediato la ratificación del acuerdo marco y del protocolo, ii) el incrementar el comercio intra-alianza, iii) buscar el avance en el capítulo empresarial con acciones como la homologación tributaria que permite entre otras cosas la fusión de empresas para su funcionamiento en los países miembros. Iv) Avanzar en el potenciamiento de la integración financiera y v) concretar, por otro lado, la compatibilidad de compras públicas como el avance próximo a cumplirse entre Colombia y Chile. Finalmente, el pensar en una integración energética con Perú y Colombia permitiría importar ya sea energía eléctrica o gas natural y aprovechar, en el mediano y largo plazo, el potencial solar norte de Chile como posible abastecedor de energía para los países de la alianza y también de la región.

Publicado en Boletín Perspectiva Internacional de la Universidad del Desarrollo


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