América Latina: ¿cambio o inercia?

Las últimas proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) muestran un panorama muy diverso. Respecto a sus estimaciones de abril, redujo la proyección de crecimiento 2014 para el mundo desde 3,6% a 3,3%. Sin embargo, a América Latina y el Caribe le fue mucho peor: la disminución fue de 7 décimas, pasando de 2% a 1,3%. Con todo, este promedio esconde importantes diferencias al interior de nuestra región. Países como Venezuela y Argentina enfrentan una recesión, con perspectivas de que la contracción se prolongue hasta 2015. Otras economías, como Brasil y Chile crecerán muy poco este año. Finalmente, economías como Bolivia y Colombia se expandirán en forma robusta, con tasas de crecimiento en torno al 5%.

Estas enormes diferencias en esta parte de nuestro continente reflejan claramente que pese a que todas enfrentan un escenario internacional común, los resultados en materia económica dependen en forma crucial de los factores internos, y en particular de sus políticas. En efecto, en el informe del FMI se señala sobre la desaceleración de 2014 que “los factores internos también fueron importantes en varias economías dado que las restricciones de oferta y la incertidumbre con respecto a las políticas frenaron la confianza de las empresas y la inversión”.

En este contexto, Brasil y Uruguay se encuentran próximos a elegir a sus futuros gobernantes, mientras que los electores en Bolivia recientemente optaron por mantener en el cargo al actual presidente. En Brasil, todo indica una reñida segunda vuelta entre la actual mandataria y Neves. Tras varios años de bajo crecimiento y elevada inflación la gente espera que el gigante latinoamericano sea capaz de despegar y aproveche su potencial como uno de los mercados clave en el mundo. La fuerte expansión del gasto fiscal no ha sentado las bases para un elevado crecimiento y a la vez ha generado presiones inflacionarias, deteriorando así el poder adquisitivo de las personas. Al mismo tiempo, se espera una institucionalidad más transparente, que disminuya los niveles de corrupción.

Por su parte, Bolivia si bien hoy disfruta de un elevado crecimiento, éste tiene un alto grado de vulnerabilidad, ya que ha dependido en forma muy importante de la bonanza de los precios de recursos naturales de la última década. Sus exportaciones están altamente concentradas en hidrocarburos (49,4% del total) y en minerales (31,3%). Al mismo tiempo, los principales destinos son Brasil (30,6% de los envíos) y Argentina (17,6%). Adicionalmente, los envíos de gas natural, la principal exportación del país, van dirigidos prácticamente en su totalidad a estos 2 países. Esto implica una situación de elevado riesgo ante un escenario de reversión de precios de commodities y debido a las delicadas situaciones económicas de sus principales socios comerciales. Y lamentablemente durante el periodo de bonanza, el país no generó una institucionalidad creíble que permitiese hacer frente a eventuales turbulencias ni creó las condiciones para estimular la inversión de los privados en las distintas áreas económicas.

Uruguay también creció en forma importante durante el periodo del boom de precios de materias primas, aunque se desaceleró en forma importante a partir de 2012 y para 2014 el FMI proyecta una expansión de sólo 2,8%. Si bien este país tiene una canasta exportadora más diversificada que Bolivia, tampoco generó una institucionalidad económica para mantener tasas de crecimiento sostenidas, y los fuertes aumentos del gasto fiscal de los últimos años han contribuido a elevadas tasas de inflación, con perspectivas de que esto se mantenga.

Sean quienes sean los gobernantes elegidos, éstos deben tener la capacidad de reconocer las señales para evitar repetir las malas políticas que en el pasado generaron innumerables situaciones de crisis en la región. Las elecciones en Brasil demostraron que el electorado tiene grandes esperanzas de mejorías, que permitan pavimentar el camino al desarrollo y el bienestar social. Para ello, necesariamente esto debe surgir de políticas macroeconómicas sostenibles, que permitan generar un crecimiento sustentable en el largo plazo, evitando así que ante la primera turbulencia, todo lo logrado se venga abajo. La ciudadanía se los agradecerá.

Publicado en EL PULSO


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