Crecimiento: Verde que te quiero verde.

Hace unos días, se dio a conocer la intención del gobierno de presentar “el anteproyecto de ley para una nueva política de cambio climático”. La pregunta natural es ¿Cuál es el mejor principio para enfrentar este desafío? Mi propuesta es: apostar por una estrategia verde de crecimiento y productividad.

Chile fue por muchos años un país bisagra en las negociaciones internacionales sobre el cambio climático. Los motivos: el ejemplar crecimiento económico de épocas doradas, la responsabilidad en el manejo macroeconómico, el intento por minimizar distorsiones en los precios, el impulso a la competencia del mercado e inversión privada, la adopción de tecnologías de frontera en sus principales industrias como la minera, la innovación tecnológica y la política de focalización de recursos en los temas sociales. Todo esto convertía a Chile en el facilitador entre un mundo desarrollado que veía una oportunidad de inversión y desarrollo y un mundo en vías de desarrollo, que identificado por similitudes en las condiciones de partida, veían a Chile como un líder y ejemplo a seguir.

Hoy, es lamentable ver que muchas de estas cualidades están puestas en duda, tanto interna como externamente, debido a la incertidumbre que abunda en la economía. La reciente caída en el ranking Doing Business explicada por un estancamiento en la apertura de negocios, la obtención de créditos y la resolución de insolvencias sumados a la reducción en la protección a pequeños inversionistas, es un llamado de atención importante sobre el cuidado de esas cualidades que situaban a esta economía como un referente para los dos mundos, alejándola de un símbolo de mediocridad que pareciera ir en reversa, como recientemente la calificaron en el exterior.

El desafío del cambio climático es una oportunidad. Existen muchas iniciativas –SDSN y las metas de desarrollo sostenible SDG, The New Climate Economy, The Green Growth Initiative (OECD) y otras- que proponen la mirada potenciadora del crecimiento y reducción en las emisiones de gases invernaderos en el clima. En Chile, el ejercicio informativo de MAPS mostró, al evaluar más de 96 medidas de mitigación de contaminantes en 10 sectores de la economía, que existen diversos efectos y combinaciones para alcanzar una meta de reducción de emisiones de CO2.

Uno de los mensajes al interpretar éste ejercicio es el de apostar por el crecimiento y la productividad en la economía. Los esfuerzos en GNL y la opción de la expansión hídrica en energía eléctrica pueden reducir hasta 226,5 millones de toneladas de CO2 hasta 2030 además contribuyendo positivamente a la inversión y generación de empleo. De acuerdo al estudio de MAPS, un impuesto al carbono tendría efectos negativos en el crecimiento del PIB y empleo de estado estacionario y una reducción entorno al 13.5% de las emisiones. Diseñar incentivos para destrabar las inversiones energéticas en tecnologías tradicionales así como en eólicas y solares, aportaría positivamente en el empleo y al crecimiento a largo plazo generando una reducción de hasta 15,2% de emisiones a 2030.

Vincular el crecimiento económico al cambio climático es propiciar el ambiente para más empleos, la creación de nuevos mercados, también verdes y energéticos, que permitan un uso eficiente de los recursos naturales, donde el sector privado sea innovador y el estado un facilitador para el aprovechamiento de oportunidades trabajando al mismo tiempo en fortalecer la institucionalidad.

Publicado en EL PULSO


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