Otros motores de crecimiento en Bolivia

Bolivia con un crecimiento promedio de 5.0%, ocupa el quinto lugar en Latinoamérica en el periodo 2006 a 2013 por detrás de países como Perú (6.6%) o Paraguay (5.3), superando a Colombia (4.8%), Ecuador y Chile con (4.3%), dejando atrás a grandes economías como Brasil (3.6%) y México (2.4%). Si hay una particularidad en esta muestra es que, en la mayoría de ellas, el alto precio de materias primas fue un motor de crecimiento y ante su actual caída, existen expectativas de desaceleración, que en algunas realidades se acentúan con el enfriamiento de los motores internos de crecimiento.

Actualmente, el debate en Bolivia se centra en el enfriamiento del motor de los hidrocarburos clave para la economía boliviana. Pretender que la economía boliviana está “blindada” al ciclo de precios internacionales es algo optimista, más si se centra el análisis en perspectivas de mediano plazo, y conscientes que el precio del producto estrella -gas natural- fue indexado en los noventas con el precio del petróleo. A esto se suma, que los otros motores de crecimiento hace un buen tiempo están apagados y, en otros casos, nunca fueron encendidos.

Analizando los precios del petróleo en términos reales, por lo demás una variable completamente exógena al control boliviano, y el crecimiento económico a través de distintas épocas, se observa tres grupos en los últimos 43 años.

El primer grupo, cuando el barril de petróleo se encontraba entre US$20 y US$40 entre 1993 a 1998. La economía boliviana alcanzó un crecimiento en torno al 4.8% en promedio. Los motores que apenas empezaban a funcionar en ese entonces fueron: i) la inversión extrajera directa cuyo logro fue la construcción del gasoducto a Brasil, soñado en 1974 e implementado completamente hasta 1999, y que hoy por hoy representa el ingreso de alrededor de 25000 millones de dólares, ii)la apertura de nuevos mercados de exportación, con ventas de gas natural que hoy representan algo más del 50% de las exportaciones, iii) un incipiente comercio al Mercosur y iv) el inicio de una tímida modernización de las instituciones.

El segundo grupo, es caracterizado con precios entorno al mismo rango anterior entre 1999 a 2003 llegando prácticamente a los US$60 el 2004. Durante este periodo, la economía creció a un magro 2.2% en promedio en medio de dos hechos antagónicos: El primero interno, atribuyendo este desempeño a una endeble institucionalidad legal y política, convulsiones sociales, una corrupción otra vez develada y a interrupciones de todo tipo en la producción nacional. El segundo factor de origen externo, impulsado con la crisis económica de Argentina y Brasil. Sin embargo, En el 2000 los vientos del “boom” de materias primas empezaban a llegar a Latinoamérica impulsados por el despertar del dragón dormido de China. Hecho que si bien no es directo para Bolivia, dada la dependencia de Brasil, explica en gran parte el incremento sin medida de los precios de petróleo y materias primas en los venideros años.

Finalmente, el periodo entre 2005, a 2013, el precio de petróleo rompió todos los records superando los US$100 en el máximo, mientras que el crecimiento promedio fue de 5.0% prácticamente igual a los periodos cuando el precio estaba entorno a US$30. Se destaca el 2005, donde se logró un cambio estructural significativo al aprobar un incremento en el impuesto a hidrocarburos obteniéndose la continuidad de políticas de transferencias condicionadas, iniciadas diez años atrás, focalizándolas en sectores vulnerables logrando mejorar las tasas de pobreza en 15 puntos porcentuales. Pero también es cierto, que a partir de 2006 las señales de incertidumbre legal y económica a la inversión privada nacional como extranjera ha sido una constante.

Y si es necesario más evidencia para estos tres grupos, las convulsionadas décadas de los 70 y 80 son un claro ejemplo de que existen diversas formas, más allá de los hidrocarburos, para lograr o desperdiciar las oportunidades de crecimiento a distintos precios de petróleo.

Por todo lo anterior, si existirían otros motores para alcanzar el crecimiento económico pero se debe trabajar en ellos. Mejorar la precaria institucionalidad deteriorada recientemente, la meritocracia en el sector público y la seguridad ciudadana, para evitar más casos de trata de personas, son un primer paso. Luego, se debe fomentar una alianza público-privada real, con reglas del juego claras para atraer inversiones privadas nacionales y extranjeras en diversas áreas, garantiza una cosecha de frutos en el mediano y largo plazo. Además, la integración al comercio internacional y en particular al mercado energético podría situar a Bolivia como un centro estratégico de producción eléctrica y gasífera, diversificando el riesgo ante periodos turbulentos. La pregunta que ahora se plantea es ¿Bolivia podrá transita por éste camino?

Publicado en América Economía


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