Desintermediación Financiera: Estigmatización y desinformación

Nuestra sociedad adolece de desinformación como una de las más importantes herencias del subdesarrollo y la deficiente educación imperante a todo nivel. Un ejemplo de muchos está en lo concerniente a los Sistemas Financieros (SF) y el rol de los bancos.

Bolivia es un país que piensa, sueña, escribe y vive de sectores extractivos desde antes de su fundación y sin pretender restar importancia al fenómeno económico, no cabe duda que la peor enfermedad (parafraseando a la conocida teoría de la Enfermedad Holandesa) tiene que ver con el embargo de la visión, pensamiento y producción intelectual del país.

En contraste, las últimas grandes crisis económicas se dieron por vulnerabilidades y problemas en los SF (crisis asiática, efecto tequila, efecto tango, efecto samba y la última Gran Recesión de 2008 que tiene un único parangón en el famoso crack de 1929) sin vínculo directo con el petróleo u otras materias primas, pero paradójicamente, con una limitada producción intelectual y de confrontación de ideas. Bien sugería el nobel Paul Krugman en su visitada columna del Wall Street Journal en 2009 tras la debacle económica: “[Los economistas] tendrán que hacer su mejor esfuerzo para incorporar las realidades de las finanzas en la macroeconomía…”

En general, la sociedad infiere de estos eventos que en los últimos pisos de los bancos, un grupo de enternados confabulan sobre cómo buscar mayores rentas, o más coloquialmente, cómo hacer usura y otros ilícitos. La percepción se debe en parte a la reputación autogenerada a la luz de permanentes noticias vinculadas a manipulaciones de la tasa Libor o tipos de cambio, hipotecas fraudulentas (subprime), quiebras por malos manejos y otros; aunque en mayor medida es el efecto de la carencia de educación financiera. De hecho, no es fácil incluso para académicos y catedráticos dejar de lado todos estos sentimientos cuando se trata de temas financieros, como establece Zingales (2014).

Sin embargo, ésta es solo una parte de la historia. Desde el punto de vista macroeconómico, la evidencia internacional señala que el SF tiene un rol muy importante en la administración de riesgos (problemas de información asimétrica) que evitan grandes costos a la sociedad como el mercado negro del crédito (verdaderos usureros y los estafadores financieros; Froote y otros, 1993, Hayek, 1945, Jensen y Meckling, 1976, Myers y Majluf, 1984, entre otros), promoción de actividades empresariales y emprendimientos (Guiso y otros, 2004), mejoramiento de la educación (Flug y otros, 2008 y Levine y Rubinstein, 2014), promoción del crecimiento económico (Levine 2005 y 2007) e incluso, alivio de la pobreza y reducción de la desigualdad (Beck y otros, 2007). Sin mencionar la deseable “suavización del consumo” de las personas. Enmarcados en un esquema de regulación adecuado macro y microprudencial que dote reglas claras, entendibles y estables en el tiempo a los participantes, los SF tienen mucho por aportar.

Ahora algunos hechos. El inicio de los 2000 observaba un SF boliviano pequeño, en retroceso con tasas de crecimiento negativo y con el único avance en la tecnología de microfinanzas, muy adecuada para los micronegocios comerciales. Esta banca, colocadora de unos $us3 mil millones en créditos, poco tenía que decir sobre un verdadero aporte al crecimiento, lo cual está corroborado en varios estudios nacionales. Quince años después, tenemos una profundización que llega a 40% en términos del PIB en virtud al acelerado crecimiento del sector (20% en promedio de los últimos cinco años) con depósitos en torno a $us20 mil millones y créditos mayores a $us14mil millones, expansión reflejada en las 5.000 oficinas y más de 24 mil funcionarios contratados directamente, realidad muy diferente a la de inicios de siglo (200 sucursales y algo más de 1.500 empleados). Es decir, la banca podría estar coadyuvando grandemente a la dinámica económica y otros factores de desarrollo que valdría la pena investigar a profundidad.

Ahora bien, en el último tiempo se estableció el nuevo marco normativo para el SF: la Ley de Servicios Financieros. La misma fue promulgada y reglamentada en un contexto de importantes utilidades generadas en el sector, acorde a su crecimiento récord y como corolario de lo que ocurrió con la mayor parte de las empresas importantes del país que no son noticia (según información oficial el SF en conjunto ganó $us272 millones en 2014, similar a las ganancias de la principal empresa de bebidas alcohólicas, por citar un ejemplo). Fue promocionada como una medida que busca democratizar el crédito y mejorar los servicios financieros en favor de los bolivianos, aunque en la práctica, delega el rol gubernamental de apuntalar el crecimiento (e incluso cambiar la matriz productiva nacional) y aprovecha para maximizar las recaudaciones del sector, aspectos que no contempla la regulación micro y macroprudencial moderna. La literatura denomina a estos eventos como “Represión Financiera” (Reinhart, 2001).

Los cupos de cartera plantean voltear la estructura de créditos a 60% en colocaciones a sectores “productivos” y vivienda de interés social, y 40% a “no productivos” en el quinquenio en curso; es decir, requiere un cambio radical de la matriz productiva en ese plazo. Se busca que los bancos induzcan la demanda por créditos (obviando la estructura económica), aunque en la práctica origine una encarnizada competencia por los escasos clientes grandes y medianos existentes (unas 10 empresas importantes por actividad económica de acuerdo a diversos ránquines) que acaparan el 66% del crédito en los sectores productivos. Además requiere la aceleración de colocaciones inmobiliarias de interés social y retroceso del crédito de consumo y rubros de servicios para cumplir con la meta intermedia anual.

En consecuencia, las tasas de interés de créditos quedarían reguladas (menores a 6%) en un 60% de la cartera, los bancos deben otorgar el 66% de lo que ganan en impuestos y otras obligaciones y el Banco Central de Bolivia pretende señalizar las tasas de depósitos hasta el 7% (mediante la colocación de bonos navideños, rivales de los depósitos en instituciones bancarias). Y nada de esto es regulación micro o macroprudencial.

El hecho de que los bancos tengan una pésima reputación puede acortar la visión sobre los efectos de la norma en el corto y mediano plazo, lo cual debería ser investigado y debatido. Por ahora, existen indicios de desintermediación financiera (el crecimiento de la banca se frenó casi a la mitad a octubre de 2015) y reduce las ganancias de los banqueros (¿principal premio para el colectivo, a causa de la desinformación y estigmatización del sector?).


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“A la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos ” ― Jorge Luis Borges ―