Bolivia: ¿un patrón de crecimiento diferente en el siglo XXI?

Dani Rodrik ha valorado recientemente de forma positiva el crecimiento económico boliviano (aquí). Ello puede explicarse por el hecho de que, a diferencia de gran parte de las economías de América Latina, Bolivia creció en 2015 a una tasa superior al 4%. Ello podría ser resultado también del análisis de la tasa de crecimiento del PIB per cápita en los últimos años: 3.21% anual entre 2004 y 2013 (años de inicio y fin del súper-ciclo de materias primas) en dólares de paridad de poder de compra de 2011.

Sin embargo, no sólo importa crecer, sino hacerlo de forma sostenida. Y es precisamente la sostenibilidad del crecimiento de la economía boliviana la que está en debate en los últimos meses. Por un lado, se resalta que la economía boliviana presenta tal nivel de reservas internacionales (en torno al 40% del PIB) y de endeudamiento público (en torno al 30% del PIB), que tiene el suficiente espacio como para enfrentar el nuevo contexto de precios internacionales bajos. Por otro lado, se manifiesta que si bien el espacio fiscal es amplio, este es finito y que será necesario tomar decisiones tarde o temprano.

Este debate no debe ser menospreciado si se considera la historia económica del país. En efecto, gracias a la reconstrucción del PIB boliviano entre 1846 y 1950 y su posterior enlace con series oficiales, en un trabajo conAlfonso Herranz-Loncán clasificamos el patrón de crecimiento de la economía boliviana en dos etapas: a) una, durante el siglo XIX, caracterizada por un muy escaso dinamismo económico; b) otra, durante el siglo XX, caracterizada por la existencia de diferentes décadas de auge y crisis (ver Gráfico 1).

Así, cuando se analiza la evolución de la economía boliviana durante el siglo XX, tres profundas crisis en las décadas de 1930, 1950 y 1980 son claramente identificables. Hablamos de décadas pérdidas ya que los niveles del PIB per cápita previos a la crisis tardaron 9 años, 17 años y 28 años, respectivamente, en recuperarse. Asimismo, el impacto de estas crisis fue de tal magnitud que explican en gran medida los actuales niveles de divergencia frente a las economías más desarrolladas del mundo y de América Latina (ver Gráfico 2).[1]

El repaso de estas crisis es también importante ya que, particularmente las dos últimas, tuvieron lugar en contextos económicos externos poco favorables y fueron resultado de la toma de decisiones equivocadas y/o tardías.

La crisis de la década de 1950 se halla relacionada con la Revolución de 1952 y las grandes transformaciones defendidas por ella. Éstas, sin embargo, requerían de recursos para ser efectuadas. Dadas las restricciones políticas y económicas de la época, la única alternativa viable radicaba en la imposición de un sistema de tipos de cambio múltiples que penalizaba las finanzas de la novel empresa pública minera (COMIBOL). Con el paso del tiempo, los déficits de la empresa se ampliaron y fueron cubiertas paulatinamente con emisión monetaria inorgánica. El resultado de ello fue el crecimiento de la inflación en tasas cercanas al 100% por tres gestiones consecutivas y la erosión del aparato productivo.

La crisis de la década de 1980 se explica por las presiones fiscales generadas por el endeudamiento externo caro y elevado efectuado durante la década de 1970. Estas presiones se agravaron con la fragilidad de la recuperación de la democracia (1982) y el escaso margen de maniobra del gobierno para frenar las demandas de incremento del gasto público. En este contexto, y dado el cierre de los mercados internacionales de capitales y la caída de los impuestos al comercio exterior (principal ingreso público), el gobierno terminó financiando el gasto con emisión inorgánica de dinero. Ello derivó en la tristemente célebre hiperinflación boliviana y en una considerable reducción de la producción nacional.

El repaso de estos acontecimientos no debe ser utilizado para predecir mecánicamente el posible destino de la economía boliviana. Sin embargo, sirve para ilustrar el peligro potencial que tienen la conjunción de un contexto externo adverso y la toma de decisiones equivocadas. En este sentido, las propuestas de IMF (2015) y Morales (2016) resumen de forma clara los desafíos futuros.

En primer lugar, se tendrán que evaluar las metas de la Agenda Patriótica 2025 que asume tasas de crecimiento del PIB de 5,8% anual (rebajadas a 5%) impulsadas básicamente por la inversión pública. Ello puede generar problemas sobre el resto de la economía dada la caída de los ingresos públicos. Existen tres posibles salidas a esta disyuntiva: a) incrementar el endeudamiento público; b) una reforma tributaria que amplíe los ingresos públicos no hidrocarburíferos; c) priorizar los proyectos de inversión más rentables y dinamizar la inversión privada, una labor en la cual el gobierno no ha sido muy exitoso.

En segundo lugar, es necesario transparentar las cuentas de las múltiples empresas públicas creadas en los últimos años. Recuérdese que la poca transparencia y/o la inexistencia de datos dificultaron la toma de decisiones en varios países de América Latina durante la crisis de la deuda.

En tercer lugar, nótese que las devaluaciones de los principales socios comerciales han terminado por sobrevaluar de forma considerable el tipo de cambio real boliviano. Ello afecta a las exportaciones no tradicionales, pero también a la competitividad en el mercado interno de los productos nacionales frente a productos provenientes de países limítrofes. Sin embargo, la devaluación de la moneda nacional no es una respuesta exenta de peligros ya que puede generar presiones inflacionarias y frenar el proceso de bolivianización del sistema financiero.

Finalmente, la nueva Ley de Servicios Financieros (2013) obliga a las entidades financieras a tener una composición de cartera y a cobrar tasas de interés fijadas por decreto. Se ha visto que ello puede generar presiones adicionales sobre el sector y/o impulsar fenómenos no deseados. Por ejemplo, en 2015 se verificó un incremento en el tamaño promedio del crédito microfinanciero y, con ello, la salida del mercado de miles de prestatarios.

Desde mi perspectiva, las decisiones adoptadas en torno a estos elementos tienen implicancias de medio y largo plazo que permitirán (o no), quebrar con el patrón del crecimiento económico boliviano en el siglo XX: el de desandar lo andado.

Bibliografía

IMF (2015). Bolivia. Staff Report for the 2015 Article IV Consultation.

Herranz-Loncán, Alfonso & Peres-Cajías, José Alejandro (2016) “Tracing the Reversal of Fortune in the Americas. Bolivian GDP per capita since the mid-nineteenth century”. Cliometrica, 10 (1), pp. 99-128.

Morales, Juan Antonio (2016). “La economía nacional: entre el aterrizaje suave y la desestabilización”. Disponible acá

Publicado en : Vox.LACEA


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