La economía ahogada por el estado: el caso de Argentina

Entre los objetivos del actual gobierno argentino se encuentra el de llevar a cabo una reforma tributaria que minimice las ineficiencias y distorsiones del sistema tributario actual; que reduzca los niveles de evasión y elusión fiscal y que incentive la formalización de la economía. Sin embargo, es necesario que se haga hincapié en reducir la carga fiscal que hoy en día soportan los contribuyentes, dado que, en el afán de financiar un gasto público creciente, ha llegado a niveles históricamente altos.

Según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), los ingresos tributarios del gobierno general (gobierno central, provincial y municipal) de Argentina al año 2015 alcanzaron un 32,1% del Producto Bruto Interno, un porcentaje muy superior al promedio de los países latinoamericanos (22,8%) y levemente inferior a la tasa promedio de los países que integran la OCDE (34,3%) (Gráfico1). Por otra parte, el indicador “Total tax payment” elaborado por el Banco Mundial, mide el monto total de impuestos y contribuciones obligatorias que debe soportar una empresa en el segundo año de operación (después de haber considerado todas las deducciones y exenciones posibles) expresado como porcentaje de la ganancia comercial. Entre los impuestos tenidos en cuenta para calcular la carga tributaria están los impuestos a las ganancias, contribuciones sociales e impuestos al trabajo, impuestos a la propiedad, impuestos a los volúmenes de negocios y otros impuestos tales como tasas municipales y de vehículos.. Según este indicador, durante el año 2016, los impuestos y contribuciones obligatorias que una empresa mediana tuvo que soportar en Argentina fueron equivalentes al 137,4% de su ganancia comercial, ubicándose así, como el segundo país de mayor carga tributaria en el mundo, detrás de las Comoras que registraron un 216,5% (Gráfico2). Dado lo anterior, Argentina se ubica como uno de los países del mundo con mayores pérdidas en recaudación debido a la evasión fiscal1

Los costos de eficiencia que generan algunos impuestos tampoco son menores. A modo de ejemplo, la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (2015) señala que los impuestos sobre los ingresos del trabajo generan una “cuña” entre el costo para las empresas y el salario neto que recibe el trabajador. Esto puede provocar un aumento del desempleo y del trabajo informal e inclusive inducir sustitución de trabajo por capital. Sin embargo, el impacto dependerá de las elasticidades de demanda y de oferta2

Figura 1: Ingresos Tributarios (% del PIB)

Figura 2: Tasa Tributaria Total (% utilidades comerciales)

¿Qué ha pasado para llegar a tal situación? Hacia finales del siglo XIX y comienzos del XX, la economía argentina estuvo caracterizada por una incipiente presencia de capitales y flujos de trabajadores extranjeros. Dicha economía llegó a tener un PIB per cápita superior al de muchos países europeos tales como Austria, Italia, Noruega, España, Suecia y Suiza3. Sin embargo, la reducción de flujos de capitales hacia la Argentina y el proteccionismo adoptado por Europa y Estados Unidos provocados por la gran depresión, dieron lugar a políticas que apuntaron más a un desarrollo hacia “adentro”. Durante este proceso, el estado adquirió una presencia importante a través de estatizaciones, regulaciones a la actividad económica y políticas de sustitución de importaciones. La nacionalización de servicios públicos (1945) y de la red ferroviaria (1948), la creación de la empresa pública Teléfonos del Estado (1948), la derogación de los aranceles universitarios y la gratuidad universitaria (1949), entre otros, formaron parte de una gran lista de estatizaciones en la Argentina.

No es casualidad que la historia argentina este repleta de crisis inflacionarias y episodios de severas crisis de deuda, ya que muchos desequilibrios muchas veces fueron consecuencia de la financiación de un déficit fiscal sostenido vía emisión monetaria o de deuda, tales como las crisis de 1989 y 2001-2002. Esta historia también ha sido muy común en Latinoamérica, sin embargo, algunos países de la región – siendo Chile el caso más resonante – en las últimas décadas han llevado a cabo un proceso de reformas de libre mercado dejando atrás décadas de intervencionismo estatal y políticas proteccionistas. Privatizaciones y desregulaciones junto con liberalizaciones cambiaras, de capitales, reformas financieras y reducciones de tarifas formaron parte de un programa económico apuntado a alcanzar mayores niveles de crecimiento y estabilidad4. Por su parte, las reformas fiscales abarcaron varios temas en consideración, en particular lo referido a equilibrio fiscal, sistema impositivo y nivel y composición de gasto público. En cuanto al sistema impositivo, muchos países llevaron a cabo una reducción progresiva en la tasa de impuestos corporativos en un intento de atraer un mayor flujo de inversiones extranjeras. . Pese a lo último, la recaudación no sufrió grandes pérdidas puesto que la baja en impuestos personales y corporativos fue compensada por aumentos en los impuestos al valor agregado5.

Si bien en la Argentina durante los ’90 se llevaron a cabo una serie de reformas de libre mercado, las políticas económicas posteriores a la crisis financiera y económica de 2001 volvieron a darle un lugar central al estado. Muchas firmas que pasaron a manos privadas durante los ’90 se volvieron a estatizar a partir de 2003; se otorgaron millonarios subsidios a los servicios públicos tales como el transporte y a la energía; se estatizó el sistema de jubilaciones; entre otras. Tal es así que el gasto público consolidado pasó del 29,11% en 2002 al 47,14% en 2015 en contraste con otras realidades latinoamericanas como Chile que mantuvo el gasto en torno al 20% (Figura 3).

Figura 3: Gasto público consolidado (% del PIB)

Tal como lo señala Richardson (2009), el ciclo expansivo de los commodities junto con los altos impuestos a la exportación de soja (reintroducidos en 2002 tanto para la soja como para otros productos agrícolas), permitieron al gobierno argentino de entonces financiar políticas populistas (entre ellas programas redistributivos y re-estatización de empresas) y al mismo tiempo sostener altas tasas de crecimiento evitando una hiperinflación o crisis de balanza de pagos6.Si bien es cierto lo anterior, la expansión fiscal ocurrida después de la crisis de finales de 2001 tuvo como consecuencia directa un significativo aumento en la presión fiscal, pasando de pasando de 18,4% en 2002 a 32,1% en 2015. Los datos muestran que, en las últimas décadas, los países con mayor carga fiscal han experimentado menores tasas de crecimiento (Figura 4)

Figura 4: Crecimiento económico vs. Ingresos Tributarios (% del PIB)

Aún no se conocen a fondo los detalles la reforma tributaria que intentará llevar a cabo el gobierno argentino a partir del año que viene. Lo que sí está claro es que una economía ahogada en impuestos no puede despegar, por lo que cualquier reforma que tenga como objetivo impulsar el crecimiento debe contemplar la reducción o eliminación de impuestos que generen grandes costos para la economía y contemplar un recorte del gasto público. De lo contrario se renunciaría a la recaudación y se recurriría a otras fuentes de financiamiento tales como la inflación o la deuda pública asegurando una crisis futura. Un presupuesto fiscal equilibrado y bajos impuestos son una fórmula que aseguran no sólo mayor crecimiento sino también mayor estabilidad.

Se agradece los comentarios de Gustavo Canavire

  1. [1] Cobham, A., & Janský, P. 2017. Global distribution of revenue loss from tax avoidance: Re-estimation and country results (No. 055). World Institute for Development Economic Research (UNU-WIDER). 

  2. [2] Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL). 2015. “El sistema tributario argentino. Análisis y evaluación de propuestas para reformarlo”, documento de trabajo N° 123, Buenos Aires. 

  3. [3] Ver Michael G, Mulhall, Industries and Wealth of Nations, Longmans, Green and Co.; London, New York and Bombay, 1896. Quoted in Carlos F. Diaz Alejandro, Essays in the Economic History of the Argentine Republic, Yale University Press, New Haven and London, 1970 y Alan Taylor, “Mass Migration to Distant Shores: Argentina and Australia, 1870-1939,” in Timothy Hatton and Jeffrey Williamson (Eds.) Migration and the International Labor Market, 1850-1939, Routledge, 1994. 

  4. [4] Singh, A., Belaish, A., Collyns, C., De Masi, P., Krieger, R., Meredith, G., & Rennhack, R. 2005. “Stabilization and Reform in Latin America. A Macroeconomic Perspective on the Experience Since the Early 1990s.” IMF Occasional Paper n° 238 y Ocampo, J. A., & Ros, J. 2011. “Shifting paradigms in Latin America’s economic development”, in The Oxford Handbook of Latin America Economics edited by Ocampo and Ros. 

  5. [5] Cárdenas, M., & Perry, G. 2011. “Fiscal policy in Latin America”, in The Oxford Handbook of Latin America Economics edited by Ocampo and Ros. 

  6. [6] Richardson, N. P. (2009). Export-oriented populism: commodities and coalitions in Argentina. Studies in Comparative International Development, 44(3), 228. 


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“A la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos ” ― Jorge Luis Borges ―